viernes, 9 de noviembre de 2012

¿Cómo debe abordarse la historia de Octubre?

Grigory Sokolnikov
1924
95º Aniversario de la Revolución de Octubre 
El número de trabajos históricos, memorias, colecciones, documentos, sobre el año 1917 y la Revolución de Octubre está aumentando rápidamente. Sin embargo, el año 1917 está a la espera de su historiador. Hay que admitir, que el camarada Trotsky tiene razón cuando dice que “todavía no tenemos una sola obra que ofrezca un cuadro general de la Revolución de Octubre y que resalte sus momentos más culminantes desde el punto de vista político y organizativo”. El camarada Trotsky también tiene razón al decir que Octubre debe ser estudiado con mayor detenimiento.
 
Sin embargo, de ninguna manera podemos estar de acuerdo con los métodos que el camarada Trotsky aplica al “estudio de Octubre”, ni con las conclusiones que extrae de su estudio. Justamente porque la historia de los preparativos de Octubre y la historia de la Revolución de Octubre solo existen fragmentariamente, justamente porque no se han  reunido ni ordenado los documentos, justamente porque una serie de los hechos más importantes nunca han sido definitivamente puestos en blanco y negro, el deber de toda persona que escribe sobre los acontecimientos de 1917 es seleccionar y evaluar con el mayor cuidado los hechos en que funda su exposición.
 
El camarada Trotsky no ha escrito la historia del Octubre de este modo, y se lo tenemos que reprochar. En efecto, debido a que, con una cierta “intencionalidad”, centra su trabajo en las diferencias de opinión en los principales grupos bolcheviques en 1917, él se desliza desde la perspectiva del “cronista” y “pedagogo” aparentemente objetivo a la perspectiva de un apasionado fiscal, que elabora, de acuerdo con su mandato, una acusación maliciosa; se desliza a la perspectiva de un “revelador” que enfoca la historia del Partido “desde fuera”.
 
Su “estudio” de Octubre ha sufrido considerablemente por esa actitud de fiscal y revelador. Un fiscal no puede resistir la tentación de tratar de probar su caso con la ayuda de la interpretación del pensamiento, la evidencia circunstancial y la utilización de testigos “confiables”, que, sin embargo, ya no son capaces de hablar por sí mismos. De esta forma, recurre a medidas que complican más la cuestión en lugar de aclararla.
 
Comencemos con un ejemplo que muestra claramente cómo el camarada Trotsky distorsiona la historia de la Revolución de Octubre. La historia de la manifestación de Abril es un ejemplo de este tipo.
 
“Para muchos dirigentes del Partido, estalló como una bomba el discurso de Lenin en la estación de Finlandia sobre el carácter socialista de la Revolución Rusa. Desde el primer día, hubo de iniciarse la polémica entre él y los partidarios del “perfeccionamiento de la revolución democrática”.
 
La demostración armada de abril, en la cual resonó, la consigna de ‘"¡Abajo el gobierno provisional!”, daría ocasión a un conflicto agudo. A ciertos representantes del ala derecha les suministró pretexto para acusar de blanquismo a Lenin. Decíase que no cabría derribar al gobierno provisional, sostenido entonces por la mayoría del Soviet, sino torciendo la voluntad de la mayor parte de los trabajadores. Formalmente, podía no parecer desprovisto de fundamento el reproche. En realidad, no delataba ni sombra de blanquismo la política de Lenin en abril… La manifestación de abril, que había sido “más izquierdista” de lo que convenía, implicaba un reconocimiento destinado a comprobar el estado de ánimo de las masas, así como las relaciones entre estas últimas y la mayoría del Soviet, demostrando la necesidad de un largo trabajo preparatorio… Una vez efectuado el reconocimiento, Lenin retiró la consigna de un derrocamiento inmediato del gobierno provisional…” 
 
Así escribe el camarada Trotsky.
 
De acuerdo con esta exposición (1) la manifestación armada de abril fue objeto de conflicto agudo entre Lenin y varios dirigentes del Partido, (2) Lenin estuvo a favor de la manifestación armada de abril, que bajo la consigna “¡Abajo el Gobierno Provisional” tomó una dirección más a la “izquierda”, y que después de esta prueba, Lenin retiró esta consigna, (3) la actitud de Lenin hacia la manifestación de abril dio al “ala derecha”, la excusa para acusarlo de blanquismo.
 
Echemos un vistazo a los documentos. Hay un artículo de Lenin en Pravda del 23 de abril de 1917, sobre “Las enseñanzas de la crisis”. Lenin cierra su artículo con las siguientes palabras:
 
“¡La enseñanza es clara, camaradas obreros! El tiempo no espera. Tras la primera crisis vendrán otras. ¡Consagrad todas las fuerzas a ilustrar a los rezagados, a estrechar en masa las relaciones fraternales y directas (no sólo en los mítines) con cada regimiento, con cada grupo de las capas trabajadoras que no ven todavía claro! ¡Consagrad todas las fuerzas a vuestra propia cohesión, a organizar a los obreros de abajo arriba, hasta el último distrito, hasta la última fábrica, hasta la última barriada de la capital y sus suburbios! ¡No os dejéis desorientar por los “conciliadores” pequeñoburgueses, dispuestos a pactar con los capitalistas, por los defensistas, por los partidarios de la “política de apoyo”, ni por individuos aislados, inclinados a apresurarse y a exclamar, antes de haber logrado una sólida cohesión de la mayoría del pueblo: “¡Abajo el Gobierno Provisional!” La crisis no puede ser superada por la violencia de algunas personas aisladas sobre otras, mediante acciones parciales de pequeños grupos armados, mediante intentonas blanquistas de “conquista del poder”, “detención” del Gobierno Provisional, etc.” (Las cursivas son mías –GS)
 
“La consigna del momento es: explicar con mayor exactitud, claridad y amplitud la línea del proletariado, su camino para poner fin a la guerra. ¡Formad por doquier más firme y ampliamente las filas y columnas proletarias! ¡Cerrad filas alrededor de vuestros Soviets y, dentro de ellos, tratad de unir en torno vuestro a la mayoría mediante la persuasión fraternal y la renovación de algunos de sus miembros!”
 
En el mismo número de la Pravda, Lenin, en un artículo titulado: “Cómo se puede confundir una simple cuestión”, se burla de la tergiversación del verdadero punto de vista de los bolcheviques en la revista de los banqueros Denj (El Día). Él escribe:
 
“El intento de tomar el poder sería una aventura o blanquismo (Pravda señaló el peligro con claridad, exactitud, sencillez y de forma inequívoca), siempre y cuando no sea respaldado por la mayoría de la gente. Hoy, en Rusia, el grado de libertad es tal que la voluntad de la mayoría puede ser determinada por la composición de los Soviets de obreros y de soldados. Esto quiere decir que el Partido, si quiere en serio, no por el blanquismo, conquistar el poder, primero debe tener influencia dentro de los Soviets”.
 
Finalmente, el 25 de abril, Lenin escribe el artículo “Malicioso regocijo”. Ahí dice:
 
“Rabotschaja Gazeta (Diario de los Trabajadores, periódico menchevique) se complace y regocija con la última resolución del C.C. que ha revelado (en conexión con la ahora conocida declaración de los representantes de la fracción bolchevique en el Soviet [1]) algunas discrepancias dentro de nuestro Partido.
 
“Los mencheviques pueden complacerse y regocijarse tanto como gusten. Eso no nos preocupa en lo más mínimo. Los mencheviques no tienen organización. Chjeídze y Tsereteli son una cosa: ellos son ministros sin portafolio; el Comité Organizativo es otra cosa: ellos son socialdemócratas sin una política; los “defensistas” son una tercera cosa: ellos apoyan a Plejánov. Mártov es una cuarta cosa: el no apoyará el crédito. No es de extrañar que gente que no tiene ni organización ni partido se complazca y regocije despreocupadamente al descubrir una falta en la organización de otro.

“No tenemos razón para temer la verdad. Sí, camaradas obreros, la crisis ha revelado ciertas debilidades en nuestra organización. ¡Debemos trabajar para corregirlas!”

 
“La crisis ha puso de manifiesto un débil intento de mover “ligeramente a la izquierda” del Comité Central. Nuestro C.C. no estuvo de acuerdo con esto y no dudamos en ningún momento que la unidad de nuestro Partido será rápidamente restaurada: una unidad voluntaria, consciente y completa”.
 
Así, Lenin estuvo, en abril, (1) en contra de los camaradas individuales que tendían a tener demasiada prisa y querían levantar la consigna de “¡Abajo el Gobierno Provisional”, antes de que la mayoría de la gente estuviera firmemente unida, (2) en contra de los intentos blanquistas y la acción individual de pequeños grupos de gente armada, (3) en contra de los débiles intentos de tomar un curso un poco más a la izquierda del C.C. Él estigmatiza, como “malicioso regocijo”, la exageración de las pequeñas diferencias dentro del Partido que hacían los mencheviques. Entonces, ¿con quién tuvo los enigmáticos y exagerados “conflictos agudos” sobre la manifestación de abril, que menciona el camarada Trotsky? Los tuvo –en contradicción con las declaraciones de Trotsky–, no con el “ala derecha” de los dirigentes del Partido sino con un pequeño grupo de dirigentes de Petrogrado y con el camarada Bogdatiev, secretario del C.C. en ese momento. Estos camaradas tomaron un curso un poco más a la izquierda del C.C., y fueron a éstos precisamente a quienes la resolución del C.C. y los artículos de Lenin condenaban; sus acciones fueron repudiadas como intentos blanquistas de “conquistar el poder” y “detener” al Gobierno Provisional.
 
De este modo, el camarada Trotsky que dice haber hecho un análisis “profundo”, ha incurrido en una confusión profunda: (1) la manifestación de abril no dio lugar a conflictos agudos, a ninguno entre Lenin y otros miembros del C.C., (2) Lenin no estuvo a favor de que la manifestación de tomara una dirección más a la “izquierda” de la línea de la C.C., (3) Lenin no fue acusado de blanquismo, por la “derecha”, en relación con la manifestación de abril, por el contrario, fue él quien, provocado por los errores cometidos por un pequeño grupo en la manifestación de abril, censuró las tácticas blanquistas.
 
¿Cómo pudo cometer ese error, el camarada Trotsky, que es fiel a la “historia” –tal como la publica el periódico Denj y como la escribe el menchevique Sujánov–, pero que contradice la verdadera historia de nuestro Partido? Esto fue posible por la sencilla razón de que se dejó llevar por un objetivo premeditado, a través de sus métodos de fiscal juzgando las pruebas; porque –en lugar de hacer un análisis exacto de las diferencias, las vacilaciones y errores, en lugar de revelar sus límites reales, en lugar de ponerlos en relación con el curso del desarrollo de la línea de Lenin, como una digresión hacia un lado o el otro, pero como digresiones que a pesar de todas las agudas diferencias de opinión siempre se adhirieron al nervio central del bolchevismo– el camarada Trotsky trata de presentar la historia del bolchevismo antes de Octubre como una lucha entre dos partidos dentro de un Partido.
 
Esta es la razón por la que el camarada Trotsky, en contradicción con la verdad histórica, tuvo que sostener que la “disposición de los personajes” en la insurrección de Octubre se había planeado con unos meses de anticipación: con la “disposición de los personajes” durante la campaña de abril del camarada Bogdatiev y el “individualista” Linde contra el palacio Mariinsky. Es absolutamente necesario que el camarada Trotsky “pruebe” la completa “legalidad” de las diferencias de opinión en Octubre. Es decir, por qué, para él, “Abril” anticipa “Octubre”. En este error del camarada Trotsky –y esto es muy importante–  se manifiestan todas las características específicas de su “investigación”: su gran falta de información correcta, su intensa “alegría por el desconcierto de los demás” y los métodos de campaña de “revelador” hostil.
 
Pasemos ahora al periodo septiembre-octubre. En su representación del punto de vista de Lenin y del punto de vista del C.C., desde la época de la Conferencia Democrática hasta el día de la insurrección, el camarada Trotsky divide “artificialmente” las diferencias que se dieron entre Lenin y el C.C. en dos categorías: en la primera categoría, él pone todas las discrepancias en las que Trotsky compartió el punto de vista de Lenin –en estos casos, de acuerdo con la actual representación del Trotsky, el C.C. divergía hacia el punto de vista del ala derecha y caía en el menchevismo. En la segunda categoría, coloca las discrepancias en las que el camarada Trotsky compartió el punto de vista del C.C., y se opuso a Lenin –en estos casos, el camarada Trotsky está dispuesto a “justificar” al C.C. Así, por ejemplo, con respecto a la protesta de los Soviets de Petrogrado contra la orden de Kerensky de enviar parte de la guarnición al frente, el camarada Trotsky señala:
 
 “Lenin, que a la sazón se encontraba fuera de Petrogrado, no hubo de apreciar esta realidad en toda su trascendencia”.
 
Y más adelante:
 
“…en su retiro, (Lenin) no tenía posibilidad de darse cuenta de la mudanza radical que se había producido no sólo en el estado de ánimo, sino también en las relaciones orgánicas, en toda la jerarquía militar, después de la sublevación “pacífica” de la guarnición de la capital a mediados de octubre”.
 
El manejo artificioso de las diferencias de opinión entre el C.C. y Lenin –que están presentadas de tal manera que el C.C. tiene razón cuando tiene la misma opinión que el camarada Trotsky, y el camarada Lenin está equivocado cuando no es de la misma opinión que el camarada Trotsky– persigue el objetivo de presentar al C.C. del Partido como un organismo que estuvo completamente bajo la influencia del ala derecha, y que sólo “aceptó” la insurrección después de una “persistente, incansable y continua presión” de Lenin. Esto no es una representación sino una tergiversación de la historia de Octubre.
 
Por supuesto, la “persistente, incansable y continua presión” ejercida por Lenin en septiembre y octubre desplegó las energías del C.C. y no permitió que se olvidara por un momento el deber de la insurrección. Lenin, literalmente, electrizó al C.C. y a las organizaciones del Partido. Así lo hizo y por lo tanto es sólo obra de Lenin. Sin embargo, el C.C., como organizador inmediato de la insurrección tuvo, con el fin de asegurar su victoria, que elegir según la estimación de la situación, la forma, el momento y el lugar de la insurrección, sin entrar en conflicto en ningún momento con las directivas. Y la participación en la Conferencia Democrática y en el Anteparlamento, se llevó a cabo –sobre todo gracias a la advertencia de Lenin contra la posibilidad de divergencias peligrosas–, de tal manera que no produjo los resultados negativos que, por supuesto, eran posibles y que el camarada Lenin temía con razón, e hizo posible que los bolcheviques organizaran la insurrección y se prepararan políticamente para eso.
 
El historiador es la persona cuyo deber ahora es afirmar esto con calma y desapasionadamente. El camarada Lenin condenó la participación en la Conferencia Democrática y en el Anteparlamento, pero fue más áspero con la política del C.C., desde finales de septiembre hasta el día de la insurrección, en relación con la vinculación de la insurrección con la convocatoria del Congreso de los Soviets, a la que caracterizó como una “política de aplazamiento” innecesaria. [2]
 
El camarada Trotsky cita el siguiente comentario de Lenin:
 
Existe en el Comité Central y entre los dirigentes del Partido –escribe (Lenin) el 29 de septiembre– una tendencia, una corriente a favor de la espera del Congreso de los Soviets y contra la toma inmediata del Poder, contra la insurrección inmediata. Es menester combatir esta tendencia, esta corriente”.
 
A principios de octubre, Lenin escribe:
 
“La vacilación es un crimen, esperar el Congreso de los Soviets es un juego infantil con la formalidad, un juego estúpido con la formalidad, una traición a la revolución.” (La cursiva es mía-GS)
 
Lenin dice en las tesis de la conferencia de Petrogrado del 8 de octubre:
 
“Las ilusiones constitucionales y las esperanzas puestas en el Congreso de los Soviets deben ser combatidas…”
 
Pero, ¿qué dice el camarada Trotsky sobre esta caracterización de la preparación del Congreso de los Soviets? El camarada Trotsky se aferra, con “malicioso regocijo”, a cada observación airada de Lenin contra cualquiera de los bolcheviques, si esto le sirve a su propósito de llamar la atención sobre una “crisis del Partido”.
 
¿Qué valor le da a la estimación de Lenin sobre el plan del C.C., plan que el camarada Trotsky también compartía? En este caso, el camarada Trotsky no presenta pruebas impresionantes de que la “traición a la revolución” y las “ilusiones constitucionales” conducen directamente al parlamentarismo burgués, etc. El camarada Trotsky no tiene ninguna prisa para adherirse con argumentos bizantinos a la frase de la carta de Lenin y, por tanto, presentarse a sí mismo como un socialdemócrata. 
 
          En otros casos, él considera este método “superfluo”. El camarada Trotsky empieza con un comentario modesto: “Todas estas cartas, donde cada frase estaba forjada sobre el yunque de la Revolución, presentan un interés excepcional para caracterizar a Lenin y apreciar el momento”. Luego prueba con mucho cuidado que el plan concreto de insurrección del C.C. no estaba nada mal. De hecho, el camarada Trotsky, sin duda alguna, exagera cuando imagina los efectos nefastos que podrían haber resultado del plan de comenzar la revolución en Moscú, como planteaba Lenin. En vano, totalmente en vano, el camarada Trotsky presenta el asunto como si Lenin, con su plan fallido de comenzar la revolución en Moscú, hubiera puesto en peligro casi todo el éxito de la insurrección. ¿Por qué? ¿Tiene algún sentido imaginar ahora cómo el camarada Lenin habría dirigido la preparación de la insurrección si no hubiera tenido que esconderse de los espías de Kerensky? ¿Tiene algún sentido discutir la cuestión de si la revolución hubiera tenido lugar un mes antes, hubiera tenido éxito o no? [3]
 
Sólo una cosa es cierta: la crítica de Lenin a la participación de los bolcheviques en la Conferencia Democrática y el Anteparlamento está absolutamente ligada con el plan que él desarrolló, de una revolución a realizarse de forma independiente del Congreso de los Soviets. Las tácticas del Comité Central hacia la Conferencia Democrática y pasar por el Anteparlamento antes que “entrar” en él, estaban vinculadas con el plan de proclamar el poder soviético en el Congreso de los Soviets y al mismo tiempo asegurar este poder mediante el derrocamiento armado del gobierno de Kerensky. En ese momento, el camarada Trotsky se encontraba en una posición intermedia entre estas dos lecturas de la estrategia de la revolución que, desde luego, representaban contradicciones puramente materiales y no fundamentales. El camarada Trotsky ahora trata de recoger la cosecha de haber adoptado una posición intermedia, presentando tanto al C.C. como a  Lenin de un modo ambiguo. Es un hecho, sin embargo, que fue precisamente la colaboración de la dirección de Lenin en cuanto a principios se refiere, con la dirección concreta del C.C. en la preparación de la revolución, y de los Comités de Petrogrado y Moscú, lo que aseguró la victoria de Octubre, a pesar de los errores de prominentes bolcheviques.
Una más: el C.C. y Lenin estuvieron de acuerdo. Los descabellados intentos de presentarlos en oposición son ridículos. El C.C. no tenía otra “línea” sino la de Lenin. Fue precisamente esta armonía profunda, en la que se manifestó la concordia entre Lenin y el Partido, la que hizo posible que el C.C. no considerara a Lenin como una autoridad en oposición al C.C., cuyas “instrucciones” debían  obedecerse al pie de la letra.
 
Fue justamente con la fuerza de la unidad y la cooperación del C.C. que el liderazgo político de Lenin pudo fusionarse con el trabajo práctico del Partido. Ninguna unidad práctica hubiera sido posible sin esta cooperación dentro del C.C., entre el camarada Lenin y los demás miembros del C.C. (entre ellos también el camarada Trotsky, que en ese tiempo supo trabajar como miembro de un órgano colegiado).
 
En aras de la historia y la correcta caracterización de la relación entre el C.C. y Lenin, es conveniente una vez más describir con claridad una serie de “diferencias” entre Lenin y el C.C. que existieron en el período de julio a octubre. Después de las jornadas de julio, Lenin propuso retirar la consigna “¡Todo el poder a los Soviets”, hasta la conquista del poder y la creación subsecuente de nuevos Soviets. La propuesta de Lenin no fue aceptada en esa forma categórica. La conspiración de Kornílov que nuevamente hizo posible que los bolcheviques reanudaran con éxito el trabajo de ganarse a la mayoría de los Soviets, demuestra que la prudente línea de acción adoptada por el C.C., a la que Lenin también se adhirió más adelante, era correcta. En relación con esto hubo todavía otra diferencia de opinión. Lenin aconsejó hacer ilegal el aparato del Partido, y realizar los preparativos para la publicación de un periódico ilegal, porque no creía posible que el órgano legal del C.C. en Petrogrado pudiera publicarse por más tiempo. Por su parte, el C.C. resolvió mantener abiertas las organizaciones y la prensa legales, combinando, por supuesto, cuando fuera necesaria, la “legalidad” con la “conspiración”. Poco después de las jornadas de julio, fue posible celebrar el Sexto Congreso del Partido en Petrogrado, con un mínimo de precauciones conspirativas. La contrarrevolución no estaba aún lo suficientemente bien organizada y unida para poder reprimir de manera efectiva nuestra prensa y organización. El órgano del C.C. estuvo prohibido, pero pronto volvió a aparecer bajo otro nombre, etc. En los días de la aventura de Kornílov, Lenin escribió un artículo “Acerca de los compromisos”. El editor del órgano central se opuso a la publicación del artículo considerando que, en su opinión, la situación no era como para dar motivo a una “sugerencia para el compromiso”. Lenin insistió en la publicación del artículo, que apareció dos días después en el Rabotschi Putj. En esta ocasión, la razón estuvo, por supuesto, del lado de Lenin, y no del editor del órgano central que quiso seguir un curso “un poco más a la izquierda” de Lenin.
 
¿En qué consistía el compromiso que Lenin había sugerido con ciertas limitaciones? Lenin escribió:
 
“El compromiso consistiría en que los bolcheviques, sin pretender participar en el gobierno (cosa imposible para un internacionalista si no se realizan efectivamente las condiciones de la dictadura del proletariado y de los campesinos pobres), renunciaran al paso inmediato del poder al proletariado y a los campesinos pobres y a los métodos revolucionarios de lucha por esa reivindicación. (La cursiva es mía –GS) La condición, de por sí evidente y nada nueva para los eseristas y los mencheviques, sería la plena libertad de agitación y la convocatoria de la Asamblea Constituyente, sin nuevas dilaciones e incluso en un plazo más breve”.
 
Esa fue la propuesta de Lenin. Él dio este paso táctico el 3 de septiembre de 1917. No hay ni una sola palabra de todo esto en Trotsky. Cualquier persona, sin embargo, que quiere dar la imagen real del bolchevismo antes de Octubre y durante los días de Octubre, no puede pasar por alto el artículo “Acerca de los compromisos”. Si este artículo es omitido, es imposible formarse una imagen de la táctica de Lenin; si es omitido, el verdadero carácter de las vacilaciones de Zinoviev y Kámenev y la actitud de Lenin hacia el Partido y las vacilaciones de estos camaradas, son incomprensibles. Cualquier persona que desee confundir en lugar de esclarecer los hechos debe pasar por alto y en silencio el artículo de Lenin “Acerca de los compromisos”. Desafortunadamente, éste es el método del camarada Trotsky.
 
Estas observaciones superficiales naturalmente no pretenden echar luz sobre el “cuadro general de la Revolución de Octubre”. Solamente tratan de señalar la completa invención de los esquemas del camarada Trotsky y establecer lo que eran las condiciones reales en el Partido antes de Octubre.
 
En la práctica las cosas fueron muy diferentes. Lenin trabajó en cooperación con el bolchevique, escogió tropas en una situación extremadamente complicada que con frecuencia cambiaba súbitamente. Tanto Lenin y los demás camaradas a veces cometían errores, a veces iban a tientas, y reconocían cuando estaban equivocados. En algunas curvas cerradas, algunos se retrasaban, otros se adelantaban demasiado, pero en corto tiempo el frente siempre se recomponía de nuevo. Ningún partido político podría haber recorrido el camino desde febrero hasta octubre, sin diferencias de opinión, desviaciones y errores. El Partido bolchevique recorrió este largo camino en una formación más cerrada que cualquier otro partido. El Partido, por supuesto, no actuaba en un espacio hermético, tuvo que resistir la presión de las clases medias. Hasta cierto punto, tenía que contar con estos grupos y adaptar sus tácticas a ellos. Se hicieron grandes esfuerzos, sin embargo, para poner estos grupos bajo su liderazgo. ¿Cuándo ceder?, ¿cuándo y cómo esperar?, ¿hasta qué límites deben hacerse concesiones? Estas preguntas no existen para los que creen que en política como en geometría una línea recta es la distancia más corta entre dos puntos, su existencia sólo es ignorada por ellos. Lenin, al contrario de tales políticos, maniobró, eludió obstáculos, retrocedió y luego atacó ferozmente. Las diferencias de opinión entre los bolcheviques en 1917 son consideradas como una lucha de dos partidos dentro de un Partido sólo por aquel que aborda el tema con una serie de prejuicios. Y esto es natural en estos “historiadores” que juzgan al Partido “desde afuera”.
 
Si el camarada Trotsky hubiera tenido razón con respecto a las diferencias de opinión entre los bolcheviques, hubiera habido en verdad dos partidos en un Partido; las diferencias de opinión inevitablemente hubieran conducido a una crisis en el Partido, es decir, a una crisis en la que las organizaciones se hubieran escindido o se hubieran separado del C.C. Pero esto no sucedió en 1917. Las discrepancias en la primavera de 1918, con motivo de la Paz de Brest, sacudieron al Partido mucho más severamente que las discrepancias en Octubre, que sólo agitó la superficie. Si ahora el camarada Trotsky convierte los errores cometidos por algunos bolcheviques en Octubre, en el punto central de sus “Lecciones de Octubre”, él mismo condena sus “Lecciones” a un completo fracaso.
 
¿Cuál es, entonces, la “moraleja” que el camarada Trotsky saca de las lecciones de Octubre? ¡Oh, él no sacó ninguna conclusión! ¿Por qué? Porque esas conclusiones son de tal naturaleza que sería desagradable para el propio autor enunciarlos. Por eso, todo termina en insinuaciones en cuanto a la necesidad de un “liderazgo” de tal naturaleza que no “se salga de los rieles”, además de un intenso ataque con “gas envenenado” a la actual dirección del Partido empezando desde la cubierta de la bandera blanca de sus “Lecciones de Octubre”. Esto, sin embargo, no es una doctrina nueva, es sólo “una repetición de lo que ya se ha aprendido”, una repetición de lo que hemos aprendido de la “discusión” del año pasado. Y como estas lecciones todavía están frescas en la memoria de todo camarada y nadie tiene ningún deseo de estudiar de nuevo estas lecciones bien aprendidas, el camarada Trotsky se entrega en vano a ese “poder desconocido” que le lleva una y otra vez a las “costas lúgubres” de las corrientes de discusión.
 
Notas
1. Esta declaración se publicó en Pravda N º 39 con un comentario editorial. Citamos textualmente:
 
“Los camaradas Langewitsch (Laschewitsch? –GS), Krimow y Mawrij, representantes de la fracción bolchevique en los soviets de obreros y soldados, nos piden que expliquemos cómo es posible que la gran mayoría de los obreros que participaron en las manifestaciones del 20 y 21 de abril y llevaban pancartas con la inscripción “Abajo el Gobierno Provisional”, interpretaban esta consigna exclusivamente en el sentido de que todo el poder deba pasar a manos de los soviets, y que los obreros sólo tomarán el poder cuando hayan ganado la mayoría en los soviets de obreros y soldados. La composición actual de los Soviets no le da pleno poder de expresión a la voluntad de la mayoría de soviets de obreros y de soldados.
 
"La fracción bolchevique es, por lo tanto, de la opinión que la resolución del C.C. de 22 de abril no caracteriza suficientemente bien la situación actual.”

Comentario del editor (de Pravda): La resolución del C.C. no estaba, por supuesto, dirigida contra los organizadores de las manifestaciones de masas, y, naturalmente, esta interpretación de la consigna excluye cualquier idea de irresponsabilidad o de aventura. En cualquier caso, los mencionados camaradas, como representantes de los organizadores de la manifestación, deben tener el mayor crédito por su impresionante carácter masivo y pacífico. Son los únicos que dieron a la burguesía, que se manifestaba a favor de su gobierno provisional, el rechazo que se merecía.”

2. A propósito de la Conferencia Democrática, el camarada Lenin escribe en el Rabotschi Putj (“Ruta de los Trabajadores”) del 24 de septiembre, bajo el título “Los héroes del engaño”, de la siguiente manera:

 
“La participación de los bolcheviques en este engaño despreciable, en esta farsa, tiene la misma justificación que nuestra participación en la tercera Duma: nuestra causa debe ser defendida incluso en el establo; el material para la educación del pueblo se puede producir incluso fuera del ‘establo’”.
 
En una carta fechada el 22 de septiembre que, sin embargo, fue escrita obviamente después del artículo, Lenin expresa una opinión diferente en cuanto a la participación:
 
“La Conferencia Democrática debería haber sido boicoteada, todos cometimos un error al no hacer esto, pero no teníamos ninguna mala intención. Vamos a reparar este error si honestamente queremos tomar nuestra posición en la lucha revolucionaria de masas.”
 
Estas fueron las dos lecturas diferentes que Lenin hizo de la participación en la Conferencia Democrática. Sin embargo, esto no evita que el desconsiderado escritor de los comentarios del libro de Trotsky haga la siguiente declaración: “En la cuestión de la participación en la Conferencia Democrática y el boicot del Anteparlamento, Lenin apoyó a los boicotistas de forma categórica.”

3. Aquí también el camarada Trotsky da un informe equivocado de la forma en que Lenin planteó la cuestión: como una demora de la insurrección. El camarada Trotsky escribe: “En septiembre, en los días de la Conferencia Democrática, Lenin demandó que la insurrección se llevara a cabo al mismo tiempo.” No, Lenin formuló su “demanda” con mucho más cuidado. ¿Cómo cierra Lenin realmente su famoso párrafo en los alrededores de la “Alexandrijka”, sobre la ocupación de la fortaleza de Pedro Pablo, el arresto del Estado Mayor General y el Gobierno, etc., en la carta que dirigió al C.C.? En los días de la Conferencia Democrática, Lenin cierra su “programa práctico para la insurrección” con la frase siguiente:

 
“Todo esto es, por supuesto, sólo un ejemplo y sirve para ilustrar el hecho de que en la situación actual no podemos permanecer fieles al marxismo sin considerar la insurrección como un arte.”
 
En otra carta del C.C., que data de los mismos días, Lenin dice muy claramente: “No es un caso del “día” ni del “momento” de la insurrección en el sentido exacto de la palabra. Eso sólo puede ser decidido por la voz unida de los que están en contacto con los obreros y soldados, con las masas… Lo que es necesario es que el Partido tenga clara la tarea ante sí. A la orden del día están: la insurrección en Petrogrado, en Moscú, la toma del poder, el derrocamiento del Gobierno. Consideren de qué manera se debe realizar la agitación sin expresarlo abiertamente en la prensa”.
 
Fuente: Partido Comunista de Gran Bretaña, “The Errors of Trotskyism. A Symposium”, mayo de 1925, publicado en Marxists.org.

Traducción para “Crítica Marxista-Leninista” de Inessa de la Torre.

Descargar ¿Cómo debe abordarse la historia de Octubre? de G. Sokolnikov

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