domingo, 11 de agosto de 2013

El Segundo Congreso del Partido bolchevique de la URSS


Hace 110 años, el Partido Obrero Social-Demócrata (POSDR) realizó su II Congreso, del 30 de julio al 23 agosto de 1903, según el calendario actual. Convocado para realizarse en Bruselas, Bélgica, el Congreso realizó sesiones en dicha ciudad hasta el 6 de agosto, cuando debido a cuestiones de seguridad tuvo que trasladarse a Londres. El II Congreso del POSDR aprobó el programa del Partido, incluyendo como punto fundamental la cuestión de la dictadura del proletariado. En ese Congreso surgió un nuevo oportunismo en el seno del movimiento obrero, dividiendo al Partido en dos: el ala revolucionaria, bolchevique, y el ala oportunista, menchevique. Este Congreso puede ser considerado como el congreso de constitución del Partido bolchevique.

Publicamos dos extractos de dos versiones de la historia del Partido bolchevique. El primero corresponde al esbozo de la historia del Partido escrito en 1934 por Nikolai Popov; mientras que el segundo, corresponde a la célebre “Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS”. 

 
 
I

La historia del Partido Bolchevique, como tal, comienza realmente a partir del II Congreso del Partido.

Composición del II Congreso 

Asistieron al Congreso cuarenta y cuatro delegados representando a veintiséis organizaciones. Entre los cuarenta y cuatro delegados, había cuatro trabajadores; el resto eran intelectuales. 

En el Congreso estaban representados, sobre todo, los comités locales del Partido, pero además, había delegados del comité de redacción de Iskra, de la Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria, formada poco antes del Congreso como una organización de seguidores de Iskra que residían en el extranjero, de la Liga de los Socialdemócratas Rusos, una organización de “economistas”, y del Bund. 

Desde el I Congreso, el Bund se adhirió formalmente al Partido, pero difería de Iskra en cuestiones políticas y organizativas. Se oponía al punto de vista marxista, revolucionario, firme y combativo de Iskra. El Bund mostró una actitud obviamente conciliadora hacia el revisionismo y el economismo, de hecho adoptó su posición sobre cuestiones teóricas y políticas y sobre una serie de cuestiones de organización, por ejemplo, la democracia y el principio electivo. Además, el Bund abogaba por la organización de los trabajadores de acuerdo a la nacionalidad. El Bund exigió que el Partido reconociera su derecho exclusivo de representar al proletariado judío. Consideraba que los trabajadores judíos debían pertenecer a organizaciones especiales dentro del Partido, unidos en el Bund, mientras que el propio Bund estaría vinculado con el Partido por una especie de lazo federal. 

En contra del plan de organización federal del Bund, la Iskra y Lenin, en particular, exigieron un partido centralizado que uniera a los obreros en función de su localidad y con independencia de su nacionalidad.

El programa aprobado 

El II Congreso realizó un gran trabajo. Sentó bases firmes para la organización política del proletariado ruso –el Partido Bolchevique, un partido que los mercenarios del zar no podrían destruir. El Congreso aprobó el programa del Partido presentado por Iskra, redactado por Plejánov, pero con modificaciones sustanciales introducidas por Lenin. En el Congreso, el proyecto de programa fue apoyado por todos los miembros del comité de redacción de Iskra. Entre todos los programas existentes de los partidos socialistas europeos (el Programa de Erfurt del Partido Socialdemócrata Alemán adoptado en 1891, el Programa de Heinfeld de los socialdemócratas austriacos adoptado en 1899, y el programa de los socialistas franceses, elaborado por Lafargue y Guesde a principios de los “ochenta”), el programa de Iskra se destacó como el único programa marxista consistente. El programa de Iskra hacía una exposición precisa de las tesis fundamentales de Marx y Engels sobre el tema de la revolución social, la transferencia del poder a la clase obrera y la expropiación de los expropiadores. Fue el único programa que contenía el punto de la dictadura del proletariado, un punto ausente en los programas de los partidos alemán, austríaco y del resto de partidos de la II Internacional. Este punto se formuló en el programa de Iskra con claridad y precisión, en los siguientes términos:

“Una condición esencial para la revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado de ese poder político que le permita suprimir todo intento de resistencia por parte de los explotadores”. 

Este punto del programa, así como los demás, despertaron la oposición de los “economistas”. Uno de sus representantes en el Congreso, Akimov-Majnovetz, propuso veintidós enmiendas que buscaban dar un giro oportunista a una serie de puntos del programa; sin embargo, todas esas enmiendas fueron rechazadas. 

Varios debates interesantes se desarrollaron en el curso de la discusión del programa. Particularmente importante es la declaración hecha por Plejánov de que las demandas democráticas burguesas contenidas en el programa tenían un carácter condicional. Todos los programas socialdemócratas en ese momento exigían democracia burguesa. Esto también era cierto en el programa propuesto por Iskra y aprobado por el Congreso. Constaba de dos partes –un programa máximo y un programa mínimo– y contenía demandas por una asamblea constituyente, por el sufragio universal, directo e igual, por la libertad de expresión, de prensa y de reunión, por el derecho de huelga y de afiliación a los sindicatos, por la inviolabilidad de la persona, etc., en una palabra, todas las exigencias fundamentales de la democracia burguesa. En relación con estas demandas Plejánov ofreció un comentario muy edificante. Era posible, declaró, que llegue un momento en que exigiremos la limitación del sufragio universal, de la constitución y de la libertad política, y que podemos considerar oportuno privar a nuestro enemigo de clase, la burguesía, de tales derechos.* 

Esta declaración fue hecha por Plejánov en el II Congreso del Partido, catorce años antes de que el Partido pusiera en práctica la consigna de que el poder soviético disperse la Asamblea Constituyente y prive a sus enemigos de clase de los derechos políticos –¡contra la protesta de Plejánov! Sin embargo, en el II Congreso Plejánov estuvo en completo acuerdo con Lenin en esta cuestión. Naturalmente, sus declaraciones no fueron del gusto de todos los delegados; fueron un duro golpe a los prejuicios que muchos de ellos aún tenían. 

Los prejuicios democráticos tan rudamente golpeados por Plejánov en el II Congreso encontraron muchos defensores entusiastas entre los “economistas”, los bundistas y los futuros mencheviques. Pero en general, la mayor parte de los delegados recibió favorablemente  las declaraciones de Plejánov. 

En el curso posterior de la discusión, el Congreso enfrentó la cuestión nacional. Uno de los puntos contenidos en el programa adoptado por el II Congreso, e incluso antes de eso en el I Congreso, proclamaba el derecho de toda nación a la autodeterminación, posteriormente formulada por el Partido como el derecho a la autodeterminación, incluida la secesión. Los socialdemócratas polacos atacaron este punto en su prensa antes del Congreso**. Ellos eran de la opinión de que el derecho de las naciones a la autodeterminación era una reivindicación burguesa y contraria a los principios de la solidaridad proletaria internacional. Si esta demanda se llevara a efecto, declaraban, se desintegraría la fuerza de la clase obrera. 

Esta subestimación oportunista de la importancia de la cuestión nacional era característica de la socialdemocracia polaca, que en ese momento tenía como líder a Rosa Luxemburgo. No pudo prever el papel revolucionario que jugaba la consigna del derecho a la autodeterminación de las naciones en las revoluciones rusa y mundial. Otra razón por la cual los socialdemócratas polacos se oponían al punto de la autodeterminación en el programa del Partido era que temían que pudiera ser aprovechada por los socialistas nacionalistas polacos. 

Sin embargo, de hecho, el Partido Socialista Polaco se aprovechó del fracaso de los socialdemócratas polacos en comprender la importancia de la cuestión nacional. En la comisión de programa del II Congreso, la socialdemocracia polaca exigió categóricamente la eliminación del punto relativo al derecho de las naciones a la autodeterminación del programa del Partido. Cuando esta exigencia fue rechazada, se retiraron del Congreso. No fue sino hasta el IV Congreso, celebrado en 1906, en que los socialdemócratas polacos se unieron al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. 
 
Por último, el programa agrario elaborado por Lenin despertó la fuerte oposición de los “economistas”. Este programa, con el objeto de abolir los vestigios del sistema de servidumbre, exigió la devolución a los campesinos de la tierra otrezki de la que habían sido privados en 1861. El programa también insistía en que los campesinos debían ser recompensados ​​a costa de los propietarios por el precio de rescate que tuvieron que pagar por su tierra después de la llamada reforma de 1861. El carácter revolucionario de esta demanda, que posteriormente fue sustituido por la demanda de la confiscación de todas las tierras en poder de los terratenientes, aterrorizó a los “economistas”. *** 

[…] 

La importancia del II Congreso y la escisión 

El periodo de Iskra y del II Congreso es de gran importancia histórica en la vida del Partido. Fue testigo de la consumación de la formación política del Partido Bolchevique. Después de haber derrotado el primer intento serio de la burguesía por ganar el control del movimiento obrero con la ayuda del “marxismo” legal y el economismo, después de haber superado las tendencias oportunistas en la teoría y la táctica y los métodos artesanales de organización, y de asestar muchos golpes poderosos al revisionismo europeo en sus esfuerzos por hacerse un lugar en Rusia, el Partido Bolchevique logró organizarse como la vanguardia de la clase obrera de todo el país, desmarcarse de los partidos burgueses y pequeñoburgueses, y asumir la dirección del creciente movimiento revolucionario de las masas de la clase obrera y del movimiento revolucionario en todo el país.

Sin embargo, la energía revolucionaria y la capacidad de lucha del Partido se vieron seriamente dificultadas por la formación de una nueva agencia de la burguesía en el Partido, bajo la forma del menchevismo. Este enemigo resultó ser mucho más peligroso y mucho más tenaz que el economismo. Los mencheviques adoptaron la fraseología revolucionaria del periodo de Iskra con el fin de ocultar su verdadera naturaleza oportunista y pequeñoburguesa. Se declararon opuestos al revisionismo y el economismo, que estaban dispuestos a morir en nombre de la independencia de clase del Partido del proletariado, e incluso no pusieron objeciones a la hegemonía del proletariado. Ellos defendían una política organizacional que sumergiría al Partido en el pantano de la clase media y la pequeña burguesía, bajo el pretexto de que estaban defendiendo los intereses de los miembros obreros del Partido contra las tendencias jacobinas de los bolcheviques, que, declararon, tenían como objetivo de subordinar los intereses de la clase obrera a los intereses de la revolución burguesa. 

El oropel revolucionario con el que los mencheviques se adornaron después del II Congreso engañó incluso algunos de los bolcheviques. Fue necesario el genio de Lenin para penetrar en el disfraz de los mencheviques y exponerlos como los nuevos agentes de la burguesía, que habían tomado el lugar de los “economistas” ahora en bancarrota. 

Uno de los maestros más consumados de la fraseología revolucionaria en el II Congreso fue Trotsky. Aquí ya encontramos a Trotsky defendiendo el menchevismo con la máxima elocuencia revolucionaria de “izquierda”. 

En adelante, esta capacidad de engalanar la mercancía oportunista bajo los adornos revolucionarios más llamativos iba a ser una de las principales cualidades del trotskismo. 


Desde el primer momento, el menchevismo reveló su tendencia a formar un frente unido con esa corriente del marxismo europeo occidental que combinaba la ortodoxia en las palabras con el reformismo en los hechos, la corriente que llegó a ser conocida como el centrismo, o kautskismo, y que llevaba en su seno la semilla de la gran traición de 1914. Disfrazado de ortodoxia, el menchevismo desde sus inicios ofreció sus prácticas reformistas al proletariado ruso, presentándolas como métodos de lucha europeos superiores a cualquier otro. Los mencheviques clamaron por la europeización del movimiento obrero ruso, es decir, su adhesión a la línea de la II Internacional. 

Los mencheviques muy pronto ganaron la adhesión de una gran parte de los intelectuales asociados con el movimiento obrero, así como de ciertos sectores de la aristocracia obrera calificada. De esta manera, los mencheviques y, través de ellos, la burguesía consiguieron un instrumento para ejercer su influencia sobre las masas de la clase obrera. 

Por eso, la lucha contra los mencheviques exigió mucho de la energía de la vanguardia del proletariado unida bajo la bandera de los bolcheviques. 

Sin embargo, después del II Congreso, los bolcheviques, gracias a la genialidad de su líder, Lenin, tuvieron éxito inmediato al ganar la adhesión de gran número de organizaciones provinciales del Partido. Esto les dio una posición suficientemente fuerte en la lucha contra los mencheviques por Partido genuino, una lucha que duró muchos años y terminó con el desenmascaramiento definitivo de los mencheviques y su expulsión del Partido. 

La ruptura con los mencheviques era una consumación natural en una etapa determinada de la lucha librada por Iskra contra los “economistas”. Fue la culminación natural de la lucha contra el oportunismo y contra los conciliadores con el oportunismo que se dio en el propio II Congreso. 

El II Congreso puede ser considerado como el congreso constitutivo del Partido Bolchevique. 

“Los orígenes del bolchevismo”, escribió Lenin en 1914,están indisolublemente asociados con la lucha de lo que se conocía como economismo (oportunismo, el rechazo de la lucha política del proletariado y la negación de la dirección de este último) contra la socialdemocracia revolucionaria durante los años 1897-1902. El economismo, apoyado por el Bund, fue derrotado y extirpado por la campaña llevada a cabo por la vieja Iskra (Munich, Londres y Ginebra, de 1900 a 1903), que restableció el Partido Social-Demócrata (fundado en 1898, pero destruido por las detenciones) sobre la base del marxismo y de los principios socialdemócratas revolucionarios.

“En el II Congreso del POSDR (agosto de 1903), los iskristas se dividieron: la mayoría apoyó los principios y las tácticas de la vieja Iskra, y la minoría se volvió hacia el oportunismo, donde encontraron con el apoyo de los viejos enemigos de Iskra, los economistas y los bundistas.”
 

En 1920, en su “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”, Lenin escribió:

“El bolchevismo existe como corriente del pensamiento político y como partido político desde 1903… el bolchevismo surgió en 1903 sobre la más sólida base de la teoría del marxismo. Y la justeza de esta teoría revolucionaria –y sólo de ésta– ha sido demostrada tanto por la experiencia universal de todo el siglo XIX como, en particular, por la experiencia de los titubeos, los vaivenes, los errores y los desengaños del pensamiento revolucionario en Rusia. En el transcurso de casi medio siglo, aproximadamente de 1840 a 1890, el pensamiento avanzado en Rusia, bajo el yugo del despotismo del zarismo inauditamente salvaje y reaccionario, buscó ávidamente una teoría revolucionaria justa, siguiendo con celo y atención admirables cada “última palabra” de Europa y América en este terreno. Rusia hizo suya a través de largos sufrimientos la única teoría revolucionaria justa, el marxismo, en medio siglo de torturas y de sacrificios sin precedente, de heroísmo revolucionario nunca visto, de energía increíble y de búsquedas abnegadas, de estudio, de pruebas en la práctica, de desengaños, de comprobación y de comparación con la experiencia de Europa. Gracias a la emigración provocada por el zarismo, la Rusia revolucionaria de la segunda mitad del siglo XIX contaba, como ningún otro país, con abundantes relaciones internacionales y un excelente conocimiento de todas las formas y teorías universales del movimiento revolucionario.”

El bolchevismo en el ámbito internacional 

Vemos, pues, que el bolchevismo –o marxismo revolucionario de la nueva época del imperialismo y la revolución proletaria– surgió de la experiencia no sólo de Rusia, sino de todo el movimiento de la clase obrera internacional. Se manifestó desde el principio no como un fenómeno específicamente nacional ruso sino como un fenómeno internacional. No tuvo que esperar a la guerra imperialista mundial con el fin de entrar en la arena internacional. 

Desde el principio, el bolchevismo asumió una posición propia dentro de la II Internacional, principios marxistas verdaderamente revolucionarios que destacaban en clamoroso contraste con la política y la práctica de la II Internacional. 

Después de la escisión que tuvo lugar en el II Congreso, incluso los elementos de izquierda de la II Internacional se pusieron de parte de los mencheviques. Los dirigentes mencheviques tenían estrechos vínculos con los líderes de la socialdemocracia internacional e hicieron uso de estas relaciones con el fin de emprender una campaña demagógica contra los bolcheviques. 

Pero la razón principal era que las tendencias oportunistas habían logrado una fuerte influencia incluso sobre la mayoría de los elementos de izquierda en la II Internacional. 

No sólo Kautsky, sino también Rosa Luxemburgo, se pusieron de parte de los mencheviques sobre las cuestiones de organización discutidas en el II Congreso.

“Se acusó a los bolcheviques”, dice el camarada Stalin, “de ultracentralismo y de tendencias blanquistas. Más tarde, estos chabacanos y filisteos epítetos fueron adoptados por los mencheviques y difundidos por el mundo entero.” (Stalin, “Sobre algunas cuestiones de la historia del bolchevismo”, Leninismo, vol. II, Moscú)
 

La posición irreconciliable de Lenin hacia el oportunismo estaba en notable contraste con todas las tradiciones y prácticas de la II Internacional.

“¿Cómo es que Lenin no puede llevarse bien con Plejánov, de quien se dice que ha ocupado la posición de extrema izquierda en la II Internacional, cuando incluso Bernstein y Millerand siguen siendo miembros de los partidos socialistas europeos?” –tal era la forma en que Kautsky y sus semejantes razonaban.

“Usted”, escribió Kautsky al camarada Lyadov después de que éste le informó de la escisión, “dice que Axelrod y sus amigos tienden hacia el oportunismo y el economismo? Yo no puedo comprobar la veracidad de sus acusaciones, ya que no soy capaz de seguir vuestra literatura. Pero no puedo evitar no creer en ellas.

“He conocido durante tanto tiempo a Axelrod, Plejánov y Zasulich, como mentes pensantes claras y consistentes.”
 

Los mencheviques estaban particularmente encantados con el apoyo de Rosa Luxemburgo, que ocupaba una posición de extrema izquierda entre los marxistas alemanes. Los editores mencheviques hicieron el siguiente comentario a un artículo de Rosa Luxemburgo publicado en la nueva Iskra, en la que acusaba a Lenin de todos los pecados mortales de los blanquistas, criticaba las enseñanzas de Lenin sobre el Partido, y elogiaba la teoría de la espontaneidad:

“El camarada Lenin protestó contra la acusación de que la suya era una distorsión blanquista del marxismo. En su último libro señaló que una acusación similar fue lanzada por los oportunistas locales ‘ortodoxos’ tales como Parvus y Luxemburgo, de donde se concluye que la crítica dirigida contra Lenin es idéntica a la crítica formulada por los bernsteinistas. En vista de ello, es de particular interés conocer cuál es la opinión de los camaradas antes mencionados con respecto a nuestras diferencias actuales. La opinión de Parvus sobre el ‘leninismo’ fue expresada incluso antes de cualquier discusión polémica con la ‘tendencia dura’ surgida en Iskra. Cuando se publicó ‘Un paso adelante…’ solicitamos a R. Luxemburgo que nos dé su opinión acerca del libro. Para nosotros su opinión era doblemente valiosa… La respuesta a nuestra petición es el artículo aquí publicado, que esperamos pondrá en claro al camarada Lenin, que el marxismo revolucionario no comparte sus puntos de vista sobre organización.”

Lenin escribió una respuesta enérgica al artículo de Rosa Luxemburgo.

“Aparte de la defensa de sin principios”, escribió en un artículo titulado “No se puede alimentar a los ruiseñores en las fábulas”, “no hay absolutamente nada en el conjunto de la famosa teoría de la organización como un proceso (cf. en particular los artículos de Rosa Luxemburgo), una teoría que vulgariza y prostituye el marxismo.” (Lenin, Obras Completas, vol. VII)
 

Poco después Lenin rechazó el intento sin principios del líder de la II Internacional, Augusto Bebel, de conciliar los dos partidos –el Partido bolchevique revolucionario y el partido menchevique oportunista. 

En vísperas de la primera revolución rusa, a pesar de todos los obstáculos y dificultades, el bolchevismo asumió forma política y organizativa y entró en la arena internacional. La escisión del POSDR y la formación del Partido bolchevique, un partido proletario combativo de nuevo tipo, significó una política de ruptura con el oportunismo internacional. En “Qué hacer”, Lenin escribió:

“La historia nos ha impuesto ahora una tarea que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier país. El cumplimiento de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte no sólo de la reacción europea, sino también (podemos decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional.”
(Lenin, Obras Escogidas, t. II)

Fuente: N. Popov, “Outline History of the Communist Party of the Soviet Union”, Part I, Londres, Impreso en la URSS, s/f. Extractos del capítulo III. 

Traducido para “Crítica Marxista-Leninista” por S. Fiume. 

 
II

3. El II Congreso del Partido Obrero Social Demócrata de Rusia. Son aprobados el programa y los estatutos y se crea el Partido único. Discrepancias en el Congreso y aparición de dos tendencias dentro del Partido: la bolchevique y la menchevique.

El triunfo de los principios de Lenin y la lucha eficaz de la “Iskra” en pro del plan leninista de organización fueron, pues, preparando todas las condiciones fundamentales necesarias para crear el Partido, o como se decía por aquel entonces, un Partido efectivo. La tendencia de la “Iskra” triunfó entre las organizaciones socialdemócratas de Rusia. Ahora ya se podía convocar el II Congreso del Partido. 

Este Congreso inició sus tareas el 17 (30) de julio de 1903. Tuvo que reunirse clandestinamente en el extranjero. Las primeras sesiones se celebraron en Bruselas. Pero la policía obligó a los delegados a salir de Bélgica, y el Congreso se trasladó a Londres. 

Asistieron a él 43 delegados, representando a 26 organizaciones. Cada comité tenía derecho a enviar al Congreso 2 delegados, pero algunos sólo enviaron uno. Así se explica que los 43 delegados representasen 51 votos.

La tarea fundamental de este Congreso consistía: “en crear un partido efectivo sobre aquellas bases orgánicas y de principio que habían sido propugnadas y elaboradas por la ‘Iskra’.” (Lenin, t. IV, pág. 164, ed. rusa). 

La composición del Congreso era heterogénea. No estaban representados en él abiertamente los “economistas”, pues se lo impedía la derrota que habían sufrido. Pero habían llegado, con el tiempo, a disfrazarse tan hábilmente, que lograron deslizar en el Congreso algunos delegados. Además, los delegados del “Bund” sólo de palabra se diferenciaban de los “economistas”, pues en realidad estaban de acuerdo con ellos. 

Por tanto, en este Congreso no tomaron parte solamente los adeptos de la “Iskra”, sino también sus adversarios. Los “iskristas” eran 33, es decir, la mayoría. Pero no todos los que figuraban en este campo estaban sinceramente identificados con las posiciones de Lenin. Los delegados se dividían en diversos grupos. Los leninistas, o sea los adeptos firmes de la “Iskra”, contaban con 24 votos. Mártov tenía 9 votos de “iskristas” poco consecuentes. Una parte de los delegados vacilaba entre la “Iskra” y sus adversarios, y disponía de 10 de votos. Estos delegados formaban el centro. Los adversarios declarados de la “Iskra” contaban con 8 votos (3 “economistas” y 5 del “Bund”). Si los “iskristas” aparecían desunidos, sus enemigos podían ganarles la batalla. 

Basta esto para comprender cuán compleja era la situación en que se desenvolvía el Congreso. Lenin desplegó grandes esfuerzos para asegurar en él el triunfo de la “Iskra”. 

La tarea más importante del Congreso era la aprobación del programa del Partido. El problema fundamental que provocó la oposición del sector oportunista en la discusión del programa fue el de la dictadura del proletariado. No era éste el único punto programático en que los oportunistas no estaban de acuerdo con el sector revolucionario del Congreso. Pero decidieron dar la batalla, fundamentalmente, en el punto de la dictadura del proletariado, remitiéndose al hecho de que este punto no figuraba en los programas de una serie de partidos socialdemócratas del extranjero, razón por la cual no había, según ellos, por qué incluirlo en el programa de la socialdemocracia de Rusia. 

Los oportunistas oponíanse también a que figurasen en el programa del Partido las reivindicaciones referentes al problema campesino. Aquellas gentes no querían la revolución; por eso rehuían a los aliados de la clase obrera, a los campesinos, y los miraban con malos ojos. 

Los “bundistas” y los socialdemócratas polacos se manifestaron en contra del derecho de autodeterminación de las naciones. Lenin había sostenido siempre que la clase obrera tenía el deber de luchar contra la opresión nacional. El manifestarse en contra de la inclusión esta reivindicación en el programa, equivalía a desertar del internacionalismo proletario, a convertirse en cómplices de la opresión nacional. 

Lenin asestó un golpe demoledor a la oposición en todos estos problemas. 

El Congreso aprobó el programa propuesto por la “Iskra”. 

Este programa constaba de dos partes: el programa máximo y el programa mínimo. En el programa máximo se hablaba de la misión fundamental del Partido de la clase obrera: de la revolución socialista, del derrocamiento del poder de los capitalistas y de la instauración de la dictadura del proletariado. En el programa mínimo se exponían los objetivos inmediatos del Partido, que podían realizarse sin aguardar a que fuese derribado el régimen capitalista y se instaurase la dictadura del proletariado, a saber: derrocamiento de la autocracia zarista, implantación de la República democrática, introducción de la jornada de 8 horas para los obreros, destrucción de todos los vestigios feudales en el campo, devolución a los campesinos de las tierras que les habían sido arrebatadas por los terratenientes (los llamados “recortes”). 

Más tarde, los bolcheviques sustituyeron esta última reivindicación por otra, por la de la confiscación de todas las tierras de los terratenientes. 

El programa aprobado por el II Congreso era el programa revolucionario del Partido de la clase obrera. 

Este programa se mantuvo en vigor hasta el VIII Congreso del Partido bolchevique, convocado después del triunfo de la Revolución proletaria, en el que fue aprobado un nuevo programa. 

Después de la aprobación del programa del Partido, el II Congreso pasó a la discusión del proyecto de estatuto. Una vez aprobado el programa y sentadas las bases para la unificación ideológica del Partido, el Congreso hubiera debido aprobar también los estatutos, para poner fin a los métodos artesanos de trabajo y al espíritu de círculo, a la dispersión orgánica del Partido y a la ausencia de una disciplina firme dentro de él. 

Pero si la aprobación del programa había sido relativamente fácil, el problema de los estatutos provocó furiosas discusiones en el seno del Congreso. La discrepancia más aguda fue la que surgió en torno al texto del primer artículo de los estatutos, en el que se definía la condición de miembro del Partido. ¿Quién podía ser miembro del Partido, cuál debía ser la composición de éste, qué debía ser el Partido en cuanto a organización: un todo orgánico o algo informe? Tales eran los problemas que surgieron en relación con el artículo primero de los estatutos. Estaban en pugna dos fórmulas: la de Lenin, apoyada por Plejánov y por los “iskristas” consecuentes, y la de Mártov, apoyada por Axelrod, Sasúlich, los partidarios vacilantes de la “Iskra”, Trotski y todos los oportunistas declarados que tomaban parte en el Congreso. 

La fórmula de Lenin consistía en que sólo pudiese ser miembro del Partido quien aceptase su programa, ayudase al partido en el aspecto material y estuviese afiliado a una de sus organizaciones. La fórmula de Mártov, aun considerando como condiciones necesarias en todo miembro del Partido el reconocimiento del programa y la ayuda material a aquél, no reputaba requisito indispensable el hecho de formar parte de una organización del Partido, por entender que se podía ser miembro de éste sin estar afiliado a ninguna de sus organizaciones. 

Lenin consideraba al Partido como un destacamento organizado, cuyos miembros no se suman por sí mismos al Partido, sino que son admitidos en él, a través de una de sus organizaciones, sometiéndose con ello a la disciplina del Partido, mientras que Mártov veía en él, desde el punto de vista orgánico, una entidad informe cuyos miembros se sumaban por sí mismos al Partido y no se hallaban, por tanto, sujetos a su disciplina, ya que no ingresaban en ninguna de sus organizaciones.

Así, pues, la fórmula de Mártov, a diferencia de la de Lenin, abría de par en par las puertas del Partido a los elementos vacilantes no proletarios. En vísperas de la revolución democrático-burguesa había, entre los intelectuales de la burguesía, hombres de esta clase que simpatizaban momentáneamente con la revolución. Estos hombres podían, de vez en cuando, rendir incluso pequeños servicios al Partido. Pero no se prestaban a entrar en la organización, a someterse a la disciplina del Partido, a cumplir sus tareas, ni se expondrían a los peligros que esto llevaba aparejados. A esta clase de gentes era a la que Mártov y otros mencheviques proponían que se les considerase como afiliados al Partido, dándoles el derecho y la posibilidad de influir en los asuntos de éste. Llegaban incluso a proponer que cualquier huelguista tuviese derecho a “contarse” como miembro del Partido, a pesar de que en las huelgas tomaban parte también elementos no socialistas, anarquistas y social-revolucionarios.

En vez de un Partido monolítico y combativo, netamente organizado, por el que luchaban Lenin y los leninistas en el Congreso, los martovistas querían un Partido heterogéneo, difuso e informe, que no podría ser jamás un Partido combativo, aunque sólo fuese por razón de su heterogeneidad, y porque jamás podría poseer una recia disciplina.

La deserción de los “iskristas” vacilantes, que dejaron solos a los partidarios consecuentes de la “Iskra” para aliarse con los delegados del centro, y el refuerzo de los oportunistas descarados, dieron a Mártov la superioridad numérica en este problema. El Congreso, por 28 votos contra 22 y una abstención, aprobó el artículo primero de los estatutos con el texto propuesto por Mártov. 

Después de la escisión de los “iskristas” con motivo del artículo primero de los estatutos, se agudizó todavía más la lucha dentro del Congreso. Este se acercaba al punto final, a la elección de los organismos de dirección del Partido: redacción del órgano central del Partido (la “Iskra”) y Comité Central. Pero, antes de llegar a este último punto del orden del día, se produjeron en el Congreso algunos hechos que hicieron cambiar la correlación de fuerzas establecida.

En relación con los estatutos, el Congreso hubo de tratar del “Bund”. Este pretendía ocupar una situación especial dentro del Partido. Exigía que se le reconociese como la única representación de los obreros judíos de Rusia. Acceder a esta petición equivalía a escindir a los obreros, dentro de las organizaciones del Partido, con arreglo a su nacionalidad, renunciando a la existencia de organizaciones únicas de clase del proletariado según el principio territorial. El Congreso rechazó el nacionalismo del “Bund” en materia de organización. En vista de esto, los “bundistas” se retiraron. Retiráronse también dos “economistas”, cuando el Congreso se negó a reconocer la agrupación organizada por ellos en el extranjero como representación del Partido fuera de Rusia. 

La retirada del Congreso de estos siete oportunistas hizo que la correlación de fuerzas se alterase a favor de los leninistas. 

La cuestión de la composición de los organismos centrales del Partido ocupó el centro de la atención de Lenin desde el primer momento. Lenin consideraba necesario llevar al Comité Central a revolucionarios firmes y consecuentes. Los martovistas luchaban por dar el predominio dentro de aquel organismo a los elementos vacilantes, oportunistas. La mayoría del Congreso se colocó en este punto al lado de Lenin. El Comité Central quedó integrado por leninistas. 

A propuesta de Lenin, fueron elegidos para la redacción de la “Iskra” Lenin, Plejánov y Mártov. Éste exigió que fuesen reelegidos para la redacción del periódico los seis antiguos redactores de la “Iskra”, la mayoría de los cuales eran martovistas. El Congreso rechazó, por mayoría de votos, esta propuesta, siendo elegidos los tres redactores propuestos por Lenin. En vista de esto, Mártov dimitió de su puesto en la redacción del periódico. 

Por tanto, los acuerdos tomados por el Congreso en cuanto a la formación de los organismos centrales del Partido sellaron la derrota de los martovistas y el triunfo de los partidarios de Lenin.

Desde entonces, a los partidarios de Lenin, que habían obtenido mayoría de votos en la elección de los organismos centrales por el II Congreso, se les empezó a llamar bolcheviques y a sus adversarios, que se quedaron en minoría, mencheviques. 

Resumiendo las tareas del II Congreso del Partido, llegamos a las siguientes conclusiones: 

1)      El Congreso afianzó la victoria del marxismo sobre el “economismo”, sobre el oportunismo declarado;
2)     Aprobó el programa y los estatutos del Partido, creó el Partido Socialdemócrata y, con él, el marco para un Partido único;
3)     Puso al desnudo la existencia de graves discrepancias en punto a organización, discrepancias que dividieron al Partido en dos campos, el de los bolcheviques y el de los mencheviques, de los cuales los primeros defendían los principios de organización de la socialdemocracia revolucionaria, mientras que los segundos se hundían en la charca de la desarticulación orgánica, en la charca del oportunismo;
4)     Puso de manifiesto que la vacante de los antiguos oportunistas, ya derrotados por el Partido, la vacante de los “economistas”, empezaba a ser ocupada dentro del Partido por los nuevos oportunistas, por los mencheviques;
5)     El Congreso no se mostró a la altura de su misión en lo tocante a los problemas de organización, dio pruebas de vacilaciones, llegando incluso, a veces, a dar predominio a los mencheviques, y aunque hacia el final se corrigió, no supo, no ya desenmascarar el oportunismo de los mencheviques en las cuestiones de organización y aislarlos dentro del Partido, sino ni siquiera plantear ante éste semejante tarea. 

Esta última circunstancia fue una de las causas fundamentales de que la lucha entre los bolcheviques y los mencheviques, lejos de aplacarse después del II Congreso, recrudeciese todavía más.
 

Fuente: Stalin, “Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS”, Obras Completas, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1953, tomo 14, Capítulo II, Sección 3.





* Esto es lo que dijo Plejánov en el Congreso: “El éxito de la revolución es la ley suprema, y ​​si el éxito de la revolución exige la limitación temporal de uno u otro principio democrático sería criminal abstenerse de tal limitación. En mi opinión personal, incluso el principio del sufragio universal debe ser considerado desde el punto de vista del principio fundamental de democracia al que me he referido. Hipotéticamente, se puede prever una situación en la que los socialdemócratas se opongan al sufragio universal. Hubo un tiempo en que las repúblicas burguesas italianas privaron de derechos políticos a las personas pertenecientes a la nobleza. El proletariado revolucionario podría limitar los derechos políticos de las clases dominantes, al igual que las clases dominantes limitaron los derechos del proletariado”.


Plejánov añadió: “Si en un arrebato de fervor revolucionario el pueblo elige un muy buen parlamento, sería nuestro deber tratar de hacer de ese parlamento un Parlamento Largo. Por otro lado, si la selección no fuera buena, nosotros deberíamos esforzarnos por que se disuelva, no en dos años sino en dos semanas, si es posible”. (De las Actas del II Congreso, p. 156)


Cabe mencionar que el Congreso rechazó enérgicamente una propuesta para la abolición de la pena de muerte presentada por un delegado estrechamente vinculado a los “economistas”. El Congreso reconoció la necesidad de que el gobierno revolucionario ejerza el terrorismo hacia los partidarios del zar, los terratenientes y la burguesía.

 


** El Partido Socialdemócrata Polaco fue creado en 1893 y después de la fusión con los socialdemócratas de Lituania, se denominó Partido Socialdemócrata de Polonia y Lituania. Entre sus líderes estaban Rosa Luxemburgo, Y. Marchlevski, A. Warski, Tyszko (Yogiches) y Dzerzhinsky. En el II Congreso,  el Partido Socialdemócrata Polaco fue representado por Hanecki y Warski.

 


*** Lenin escribió un artículo en Zarya (No. 4) justificando su programa agrario. Este artículo se publicó más tarde en forma popular en un folleto titulado “A los pobres del campo” y fue el primer documento dirigido por el Partido ruso a los campesinos pobres.